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A la cola de los países más avanzados por falta de ética y corrupción

Por Juan Bosco Gimeno

El World Economic Forum (WEF) conocido como el Foro de Davos acaba de publicar (17/01/2018) un informe con los datos más destacados sobre el Índice de Desarrollo Inclusivo (IDI The Inclusive Development Index 2018) que viene siendo una evaluación del desempeño económico de más de cien países en la que se miden once dimensiones del progreso económico además del PIB. Basa su análisis en tres líneas: Crecimiento y desarrollo; Inclusión; y Equidad intergeneracional y administración sostenible de los recursos naturales y financieros.

Más que en los datos macroeconómicos estructurales y financieros, este índice pretende aproximarse más a los criterios por los cuales las personas evalúan el progreso social y económico de sus países.

Poca ética en el sector público pero también en las empresas.

Uno de los aspectos, entre otros, que incluye este índice es lo que tiene que ver con el comportamiento ético en el sector público y en el sector privado ya que irremediablemente ambos tienen que convivir y difícilmente uno se puede sustraer a las influencias del otro, y viceversa, y ambos influyen en el bienestar de las personas, ciudadanos para unos y empleados, clientes o socios de negocio para los otros.

Y el repaso que nos da el informe es de mucho cuidado: España se mantiene en la posición número 26 de 29 países con una tendencia a la baja en los últimos cinco años.

Veamos algunos detalles.

Con datos del Report 2017, en la lista de 29 países de economía avanzada España ocupa el número 28 en lo que se refiere a desvío de fondos públicos, vamos que casi somos los que mejor lo hacemos, lo de desviar digo.

Ocupamos el puesto número 26 en pagos irregulares en los contratos públicos y el 25 en comportamiento ético de las empresas. Es decir, que hay para todos.

Y no es cuestión de discutir si es más corrupto el que incita, el que corrompe, el que se deja corromper o el que se aviene a la corrupción. Es cuestión de creerse de verdad que la corrupción no es el camino y poner los medios para evitarlo.

Y no es solo la posición -a pesar de ser tan nefasta no habrá quien acuda al consuelo de que eso es relativo y depende también de lo que hacen otros países- es que la puntuación en sí resulta alarmante: no pasamos de un 3,55 en el conjunto de factores relacionados con el comportamiento ético (2), sobre un total de 7 y en el que la media está en el 5,12.

La falta de ética y corrupción perjudica otros factores.

El valor del comportamiento ético de nuestras empresas y administraciones está por debajo del valor que el informe otorga a nuestra educación y habilidades, nuestros servicios básicos e infraestructuras, el emprendimiento, la situación del empleo y productividad, o la protección social. En ética y cumplimento nos da un revolcón de aúpa.

Pero no puede olvidarse la transversalidad que la corrupción tiene en todos los ámbitos y su negativa influencia en ellos, y que atacándola se mejorarán también educación, infraestructuras, empleo, productividad y protección social.

Es por supuesto una cuestión de valores que tienen que ver con el convencimiento, pero es también una cuestión de ajustarse a la ley que tiene que ver con el cumplimiento. Convencimiento y cumplimiento, es decir querer y hacer. No se combaten las malas prácticas con palabras y teorías, sino con hechos y medidas concretas.

No nos sorprende ya a esta alturas descubrir que lo que hace referencia a la confianza en los políticos España ocupe el puesto 27, y el 24 en cuanto a favoritismos de los funcionarios públicos, ¡cuánto daño hace la falta de equidad!

Pero es que además -señala el índice- la tendencia es a ir retrocediendo, según se desprende del análisis que se hace del porcentaje de cambio en los datos del 2012 al 2016.

No nos trata bien el informe, no. Sin duda lo merecemos. También por pensar que el problema de la corrupción en particular y de la falta de ética y valores en general es un problema de otros; y por juzgar que no tiene solución; y por opinar que no podemos tú y yo hacer algo por corregirlo. Sí podemos.

Juan Bosco Gimeno

Experto en Compliance y Asociado a la World Compliance Association

 


 
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