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Los fraudes en el mundo después del 2020

Autor: Rafael Costa Abreu, Director Market Planning & Strategy en el Manejo de Fraude e Identidad de LexisNexis Risk Solutions

Fuente: Infobae

El cambio de paradigmas económicos, laborales y comerciales lamentablemente estarán asociados con un aumento de los riesgos asociados a la cibercriminalidad que se aprovechará del mayor uso de las plataformas digitales para realizar transacciones financieras y comerciales.

En este sentido, el robo de identidad de las personas es un delito que ya venía al alza en países como México y que seguramente aumentará en 2020 a partir de la migración de muchas actividades humanas al mundo digital. México fue la segunda nación de América Latina en ataques cibernéticos, solamente detrás de Brasil según el último reporte del Verdadero Costo del Fraude de ThreatMetrix, empresa de LexisNexis Risk Solutions. Según este reporte, las empresas de servicios financieros observaron un mayor incremento de los fraudes en 2019, seguidas por las de comercio electrónico y las tiendas minoristas.

El robo de información de empresas y de los clientes aumenta el riesgo asociado a las transacciones comerciales. Por ejemplo, un ciber defraudador puede crear una cuenta falsa de correo para dar de alta un nuevo usuario en una plataforma de streaming de contenido digital (películas, música, libros, entre otros). Posteriormente, con información proveniente de personales reales puede abrir una cuenta bancaria que le permite comprar en una tienda en línea (e-commerce) para adquirir bienes de envío de mensajería. Finalmente, una empresa puede ser objeto de fraudes por transacciones irregulares que inclusive pueden ser aprovechados por blanqueadores de dinero, organizaciones delictivas trasnacionales e inclusive podría servir para financiar a grupos terroristas.

Los cibercriminales se dedican a hacer este tipo de ingeniería social para crear identidades falsas para estafar a personas en lo individual y, por supuesto, también a las empresas. Por ello, las empresas deben aumentar los niveles de seguridad para evitar ser objeto de este tipo de delito, pero a su vez no deben perder la oportunidad de hacer negocios al rechazar erróneamente a un buen cliente en potencia.

Afortunadamente existen herramientas tecnológicas que analizan millones de transacciones provenientes de la actividad digital de las personas para observar factores de riesgo asociados por ejemplo a la apertura de cuentas de correos electrónicos, el uso de dispositivos y aplicaciones móviles, actividad sospechosa en redes sociales, perfil de usuarios en el consumo de contenido digital en plataformas de streaming, entre otros muchos cruces de información que permiten identificar la verdadera identidad de los clientes.

Estas plataformas de identificación de clientes, les permite a muchas instituciones financieras que otorgan servicios de banca tradicional como tarjetas de débito y crédito, prestamos, créditos de consumo, bienes, automóviles e hipoteca conocer rápidamente si la persona que solicita estos servicios no es un defraudador en potencia.

Es una realidad que las medidas de prevención a la salud de la población a nivel global traerán cambios de paradigma en las relaciones financieras y comerciales. Por ejemplo, el distanciamiento social promueve no solo el home office, también favorece la mayor inclusión financiera para que las transacciones puedan realizarse desde dispositivos electrónicos desde casa o a través de dispositivos móviles como los teléfonos celulares. El pago de servicios financieros y trámites gubernamentales se pueden hacer en línea perfectamente, así como la adquisición de alimentos, bienes y otros servicios como contenidos digitales.

La mala noticia para muchas empresas es que se vuelve cada vez más complicado identificar físicamente a sus clientes y esto puede ocasionar fraudes en la adquisición de bienes y servicios por el robo de identidad y lo que es peor pueden ser sujetos de lavado de dinero al no hacer la debida diligencia.

Asimismo, existen otros costos adicionales a los económicos producto de la reparación de estos fraudes al patrimonio de los clientes. Por ejemplo, también hay un aumento en el uso de personal para identificar y dar seguimiento a estos delitos. Existe también un daño a la reputación de las empresas si se da a conocer en los medios un fraude que involucre el uso indebido de la información privada de sus usuarios.

Las empresas en México, América Latina y el mundo tendrán que afrontar el aumento de la actividad comercial y financiera a través de los canales digitales. Tienen que aprovechar al máximo las ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías, pero deben al mismo tiempo transitar con seguridad en esta migración acelerada de la economía a partir de los cambios que generará el 2020.

 


 
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