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Aplicación del Public Compliance a partidos políticos: Una oportunidad para reconectar con la integridad

Autor: Tania de León, administrativista especialista en Public Compliance

 

Los partidos políticos construyen democracia, ofrecen al pueblo opciones para elegir y controlar a sus gobernantes. Estos en su dimensión social representan intereses sociales, legitiman el sistema político y activan la opinión pública. En su dimensión institucional reclutan a los posibles gobernantes, impulsan cambios en el proceso electoral e inciden transversalmente en los poderes públicos. Los partidos juegan un rol sustancial en la sociedad, por lo que, al actuar al margen de la norma y la integridad, golpean fuertemente la estabilidad de una nación, sirviéndose a sí mismos y no a la sociedad.

Ahora bien, ¿Por qué compliance en partidos políticos? ¿Por qué interesaría el compliance a los políticos?. Conforme a la décima edición del Barómetro Global de la Corrupción publicado por Transparencia Internacional, República Dominicana es un país de interés debido a la marcada percepción ciudadana de que los políticos y partidos políticos son corruptos, lo cual guarda una estrecha vinculación con el bajo índice de afiliación a estos, impactando por referir algún aspecto, en su financiamiento.


El descrédito del opositor, ganado o no, como estrategia de captación de simpatizantes, así como las propagandas fuera de plazo, fake news, compra y venta de votos, sustracción de urnas y de boletas, son algunas de las razones por las que un buen ciudadano no se involucra, no cree, ni le interesa comprometer su reputación afiliándose a partidos políticos. En esta dinámica, el cumplimiento regulatorio brilla por su ausencia.


Por otro lado, nos encontramos ante una crisis de militancia partidaria, generada por la manifiesta desconexión de ideología política al servicio del ciudadano. En este contexto se requiere que el político sea tan leal a su partido como el partido a sus políticos, como una relación bidireccional en esencia política, donde se valore el pensamiento reflexivo y crítico de quienes sí participan en política, donde no se sacrifique al líder social por el líder económico.


Urge reconectar con lo que debe genuinamente ser el ejercicio político, y no desde los políticos, sino desde la estructura que les impulsa, los partidos. Si el partido no cuenta con la confianza de la sociedad, difícilmente lo harán sus políticos. Los partidos deben repensar su función social logrando que el ciudadano vea en estos una auténtica representación como oportunidad para mejorar sus vidas, familias y comunidades.


Aplicar Public Compliance conduciría a los partidos políticos a un profundo proceso de profilaxis política donde el secretismo y ¨acuerdos debajo de la mesa¨ queden relegados, donde los códigos de conductas pasen de ser meras declaraciones decorativas a un filtro de actuación, donde se institucionalicen los debates como obligación, donde yendo más allá de la regulación, su financiamiento y toma de decisiones sea transparente durante y no después de las campañas, donde los partidos sean centro de civismo y educación política que enseñe al ciudadano a votar por propuestas y no por simpatías. 


Gestionar el cumplimiento en los partidos políticos permitirá que sus dirigentes actúen conscientes de que más allá de las campañas electorales y la sana oposición, tienen un rol social que jugar con los fondos públicos de los que disponen, construyendo una renovada ideología política que responda no solo al interés general sino a la noble vocación de mejorar la sociedad en que vivimos y de esa manera combatir la desafección político-ciudadana con la herramienta más poderosa, la integridad política. Con la aplicación del Public Compliance, puede que lleguemos al momento en que pertenecer a un partido político genere prestigio y distinción por caracterizarse como un espacio no solo para el político, sino para todo ciudadano que quiere agregar valor.

 


 
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