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El infierno de un testigo protegido en un caso de corrupción: He sufrido años de presiones y acoso

José es uno de los 21 denunciantes protegidos por la Agencia Valenciana Antifraude, un organismo único en España ideado para garantizar la seguridad de quienes destapan casos de corrupción

Autor: Hèctor San Juan

Fuente: ELMUNDO

«Los políticos buscan tu complicidad, herir tu orgullo profesional pero también ahondar en tu vanidad. En el fondo, todos tenemos ese pelín de soberbia, de querer figurar. Te piden que les ayudes a disfrazar lo ilegal, incluso que seas uno de ellos mientras les convenga. Intentas explicar, una vez y otra vez, que las cosas no se hacen así, pero es predicar en el desierto. Ellos tienen unos objetivos personales y están obsesionados en conseguirlos. Y cuando te opones llegan las amenazas, los insultos, las coacciones, el vamos a despedir a tus compañeros...».

Quien habla es uno de los 21 denunciantes protegidos de la Agencia Valenciana Antifraude que cuenta su experiencia y sus años de sufrimiento a EL MUNDO. Receloso, prefiere el anonimato y, escoltado por los servicios jurídicos de la Agencia que toman nota de la conversación para evitar que los detalles puedan dar pistas sobre su identidad, responde a toda y cada una de las preguntas. Su caso, explican, fue muy sonado, acabó con la detención de los denunciados y su cese tras una importante operación policial, por lo que no quiere más represalias.

- ¿A usted le intentaron comprar?

- Por supuestísimo. A mí y a otras personas. Sin ningún tipo de dudas. Me explicaron cómo se iban a producir los acontecimientos y cuál era el objetivo, sin rubor alguno. Se apoyaban en funcionarios que decían que era irregular lo que se había hecho pero que lo iban a hacer todo regular. A cambio de colaborar me ofrecían un puesto de funcionario público.

Y es que este whistleblower anglicismo que literalmente significa soplador del silbato pero que se usa para referirse a los denunciante de la corrupción se muestra convencido de que, para que se produzca un desvío de fondos públicos o una apropiación indebida por parte de los políticos, tiene que haber la «connivencia» de técnicos y funcionarios.

Por supuestísimo que te intentan comprar. A cambio de colaborar me ofrecían un puesto de funcionario público

Asegura que «todo el mundo tiene un precio» aunque, afortunadamente, él se resistió a una tentadora oferta que le hubiese solucionado la vida con un trabajo para siempre. José (nombre ficticio del delator) cree que «la vanidad y el interés personal, el no saber decirle que no a los políticos para no tener problemas o incluso para pavonearte con cierta clase política», hace que algunos prefieran mirar hacia otro lado cuando se encuentran en la encrucijada.

Ante las presiones sufridas, José reclamó acogerse al Estatuto de Protección de las personas denunciantes de corrupción que tiene la Agencia Valenciana Antifraude (AVAF), un mecanismo único en España que vela para que el alertador «no sufra represalias en su vida laboral y personal como consecuencia de poner al descubierto actuaciones irregulares».

Lo explica con contundencia la directora de Asuntos Jurídicos de la AVAF, Teresa Clemente. Esta alta funcionaria de la Generalitat Valenciana sabe de qué habla. Ella fue una de las testigos claves en el juicio del caso Cooperación contra el ex conseller Rafael Blasco. Una burda trama que acabó con el todopoderoso consejero del PP antes fue dirigente del PSOE condenado a seis años de prisión por el Tribunal Supremo que le consideró culpable de haber desviado fondos de cooperación destinados al Tercer Mundo. Tras su experiencia personal, Clemente admite que este tipo de mecanismos de protección «se echaba en falta».

Aunque existen o se están tramitando agencias o oficinas anticorrupción en otras autonomías, los mecanismos de protección a los whistleblowers no se han todavía puesto en marcha en el resto del país. En el caso valenciano, desde que hace tres años se puso en funcionamiento este programa, un total de 35 personas han solicitado acogerse al Estatuto de Protección: 21 peticiones fueron aceptadas (entre ellos José), 11 se encuentran en fase de estudio y solo tres fueron denegadas por no cumplir requisitos.

Clemente puntualiza que la función de la agencia es acompañar en todo momento a los denunciantes y ofrecerles todo tipo de apoyo. «La mayoría de los denunciantes en algún momento han sufrido represalias». Incluso, comenta, algunos han tenido que enfrentarse al despido tras alertar la existencia de irregularidades. Por ello, para evitar venganzas, la Agencia, una vez comprobada la validez de la denuncia, envía una comunicación a la autoridad competente o al responsable político de turno que podría estar presionado al delator para avisarle que se trata de una persona protegida y que la Agencia está vigilando todas sus actuaciones. También redacta informes periciales y presta ayuda psicológica a sus protegidos.

No sabes lo que puede suponer una llamada o una simple mirada en un momento delicado

«Tratamos de fortalecer a las personas para que cuando vayan a declarar ante el juez se mantengan firmes en lo que denunciaron en su día y no les confundan». Una circunstancia con la que no resulta fácil lidiar. «Estar en un procedimiento judicial, con abogados de corruptos que saben mucho de derecho penal y que cobran unos honorarios altísimos es mucha presión para los denunciantes. Muchas veces la estrategia de la defensa pasa por acusar o desacreditar al testigo y nuestra función es ayudarles en estos procedimientos que se dilatan mucho en el tiempo para que sepan enfrentarse a este tipo de interrogatorios que tratan de confundir y marear», explica Clemente.

José lo resume de manera más sencilla: «Lo realmente importante es saber que no vas a estar solo. No sabes lo que puede suponer una llamada o una simple mirada en un momento delicado». Este denunciante relata cómo ha padecido, durante estos años, denuncias falsas, acusaciones en los medios de comunicación  «las palabras de un político siempre venden más», rechazo de sus compañeros e incluso el escrutinio de todo su pasado.

Su denuncia provocó la detención de los responsables y la situación, en cierta manera, se calmó. Ahora los nuevos gestores, explica el denunciante, le miran con cierta desconfianza y recelo pero, eso sí, «sin faltarle al respeto». Pese a ello, José sabe que «todavía queda lo peor, la celebración del juicio» y volver a verse, cara a cara, con aquellos que, por su denuncia, fueron detenidos.

MECANISMOS DE PROTECCIÓN

Amén de dar un toque a los presuntos autores de las coacciones, la agencia valenciana cuenta con dos mecanismos para actuar en los casos más graves: cambiar al denunciante de puesto de trabajo manteniéndole el sueldo (medida que ya se ha tenido que hacer hasta en tres ocasiones) o darle un permiso de trabajo retribuido. Y es que como explica Teresa Clemente, a veces, la situación, sobre todo en ayuntamientos de municipios pequeños donde todos se conocen, «se vuelve insostenible».

Mis compañeros, los mismos que me animaron a denunciar, cuando se desencadenó la operación policial, me dieron la espalda

Esa sensación de soledad es muy dura, revive José, y suerte del apoyo de su mujer y sus hijos. «Mis compañeros, los mismos que me animaron a denunciar, cuando se desencadenó la operación policial y se produjeron las detenciones, me dieron la espalda», explica. «Me señalaban como responsable de sus problemas en el futuro. Me acusaban falsamente y me dejaron de hablar. Pasaba al lado de un corrillo y se hacía el silencio y eso es tremendo», recuerda. Por contra, enfatiza, «es cierto que otras personas, con las que apenas tenía relación, me paraban para darme las gracias o un simple abrazo».

En la agencia son conscientes de que denunciar supone un problema para muchos y admite que «no se le puede exigir a nadie que sea un héroe». José reseña cómo la denuncia que hizo trastocó su vida. «Me ha cambiado como persona. He sufrido años de presiones y acoso y eso te cambia el carácter. Te lamina día a día. El deterioro personal, cívico y profesional no es justo. Desde hace un par de años, ese chaval risueño que era ha desaparecido».

- Después de haber vivido lo que ha vivido en los últimos años, ¿lo volvería a hacer? ¿volvería a denunciar?

- Nunca me he planteado esta pregunta. [Duda y se lo piensa]. Sí lo volvería a hacer.

 


 
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