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Una regulación que prevenga los fraudes con criptomonedas

Los tribunales deben pronunciarse con celeridad sobre estas presuntas estafas y el daño infligido a los afectados

Fuente: Cinco Días

Las repetidas advertencias que distintos supervisores –desde la FED estadounidense a la FCE británica o al propio BCE– han realizado sobre los riesgos de invertir en criptodivisas han terminado materializándose en un creciente número de juicios e investigaciones por fraude y estafa. Tanto la CNMV como el Banco de España han insistido en la necesidad de andar con pies de plomo frente a este tipo de activos, por la opacidad, la complejidad y la alta volatilidad de las divisas virtuales y de los derivados sobre ellas, y por la agresiva publicidad que se utiliza para captar a los inversores. En España, las plataformas Arbistar, Algorithmics o Kuailian están siendo investigadas por la Audiencia Nacional por presunta estafa. El número de afectados en estos procedimientos ronda los 90.000 y el montante de dinero presuntamente defraudado es de unos 800 millones de euros.

Pese a que el esquema para captar a los inversores poco experimentados difiere en los detalles, el gran gancho que utilizan las plataformas es antiguo y sigue siendo efectivo: la promesa de una muy alta rentabilidad, el deslumbramiento frente al crecimiento exponencial de estos activos en el mercado y un entorno excepcionalmente propicio para alimentar este tipo de fraudes. Por un lado, por el negativo efecto de los bajos tipos de interés sobre la rentabilidad de los productos bancarios más clásicos o conservadores, y por otro, por la vulnerabilidad y el aislamiento que han traído consigo los largos meses de confinamiento sanitario y que han favorecido las decisiones financieras poco meditadas y escasamente contrastadas.

Aunque desde los grupos de afectados se critica el papel de los organismos supervisores, la falta de legislación y la lentitud en la tramitación de la justicia, las recomendaciones sobre el riesgo de las divisas digitales han sido claras y numerosas. No se puede decir que haya sido una sorpresa que el bitcóin, que ha perdido más del 40% de su valor desde los máximos alcanzados hace un mes, haya recibido dos grandes golpes en los últimos tiempos: la decisión del Gobierno chino de prohibir a las entidades financieras operar con monedas virtuales y el cambio de estrategia de Tesla, que ha dejado de aceptar bitcóins como forma de pago. Todo apunta a la necesidad, que cada vez parece más justificada, de abordar una regulación coordinada de estos activos que ponga coto al elevado potencial que ofrecen para realizar actividades ilegales, como la especulación a gran escala, los fraudes piramidales, la evasión fiscal y el blanqueo de dinero. Entre tanto, habrá que esperar a que los tribunales se pronuncien con celeridad sobre estas presuntas estafas, y recomendar prudencia, una vez más, a los inversores no experimentados.

 


 
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