
Por Iván Martínez, CEO de Intedya
El 2 de abril de 2026, el comité técnico ISO/TC 309 publicó para consulta el borrador ISO/CD 37201, una norma que propone por primera vez un sistema de gestión específico para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres en las organizaciones. No se trata de una simple guía o código de buenas prácticas, sino de un marco estructurado, auditable y alineado con la arquitectura clásica de los sistemas ISO. La relevancia de este movimiento no es menor. La normalización internacional entra en un terreno tradicionalmente vinculado a la ética, la responsabilidad social o los derechos humanos, y lo convierte en un ámbito sujeto a procesos, controles y evaluación del desempeño.
El cambio conceptual que introduce ISO/CD 37201 es profundo. La violencia contra la mujer deja de abordarse como una cuestión reputacional o de valores para integrarse en la lógica de los sistemas de gestión. Esto implica planificación, evaluación de riesgos, controles operativos, auditoría y mejora continua. La norma adopta la estructura armonizada de ISO, lo que permite su integración directa con estándares como ISO 37301 o ISO 37001. En términos prácticos, esto significa que una organización podrá incorporar este sistema dentro de su arquitectura de compliance o gobernanza sin necesidad de rediseños radicales. Sin embargo, la naturaleza del riesgo que aborda introduce una complejidad adicional: no se trata de riesgos financieros o regulatorios clásicos, sino de riesgos sociales, culturales y conductuales.
El borrador establece que los requisitos son aplicables a cualquier tipo de organización, independientemente de su tamaño, sector o naturaleza, y que cubren todas las formas de violencia contra la mujer. Este carácter transversal amplía considerablemente el impacto potencial de la norma. Además, el sistema no se limita al perímetro interno. Incluye relaciones con terceros, socios de negocio y cadena de suministro, lo que sitúa esta norma en línea con las tendencias actuales de debida diligencia ampliada y marcos ESG. En consecuencia, la organización no solo debe controlar su comportamiento interno, sino también evaluar y gestionar los riesgos asociados a su ecosistema operativo.
Uno de los elementos más relevantes del estándar es su enfoque basado en riesgo. La organización debe identificar, analizar y priorizar los riesgos de violencia contra la mujer, estableciendo criterios propios de evaluación y definiendo medidas de tratamiento. Lo interesante es que la norma no se limita a factores tradicionales. Introduce variables organizativas y contextuales como la cultura interna, la estructura jerárquica, la representación femenina en puestos de liderazgo o el entorno geográfico y social en el que opera la entidad. Esto obliga a las organizaciones a desarrollar modelos de análisis más sofisticados, capaces de integrar factores cualitativos y culturales, algo que en muchos casos está aún poco maduro.
La norma refuerza de forma clara el papel de la alta dirección. No basta con aprobar una política; se exige un compromiso activo, visible y sostenido en el tiempo, así como la integración del sistema en los procesos de negocio . El estándar insiste en la necesidad de promover una cultura de respeto, inclusión y seguridad. Este aspecto es clave porque introduce una exigencia difícil de auditar en términos tradicionales: la cultura organizativa. La experiencia en otros sistemas de gestión muestra que este es, probablemente, el punto más complejo. La existencia de procedimientos no garantiza comportamientos reales. Por tanto, el reto no será documental, sino transformacional.
ISO/CD 37201 incorpora requisitos operativos que van más allá del enfoque habitual del compliance. La organización debe contar con procesos para identificar situaciones de violencia, gestionar denuncias, investigar casos y aplicar medidas disciplinarias. Un elemento especialmente relevante es el tratamiento de las víctimas. La norma exige un enfoque centrado en la persona afectada, incluyendo protección, apoyo psicológico o legal y acompañamiento en la recuperación. Este nivel de exigencia introduce una dimensión humana que no suele estar presente en otros estándares. También se refuerzan los canales de denuncia, que deben garantizar confidencialidad, permitir el anonimato y proteger frente a represalias. Esto conecta directamente con las mejores prácticas en Whistleblowing, pero con un enfoque más sensible y especializado.
La futura ISO 37201 se situará claramente en la intersección entre compliance, ESG y derechos humanos. Su implementación podrá reforzar la reputación, mejorar la confianza de Stakeholders y reducir riesgos legales y operativos. Sin embargo, también introduce exigencias significativas. Las organizaciones deberán revisar sus modelos de gobernanza, sus procesos de recursos humanos, sus sistemas de control y, sobre todo, su cultura interna. El impacto será especialmente notable en organizaciones multinacionales o en sectores con mayor exposición a riesgos sociales.

10 de Mayo
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