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Compliance, una plataforma para garantizar transparencia y sustentabilidad en el agro

Por Sergio Adrián Nobile (Vicepresidente de la WCA- Capitulo Argentino) Jorge Grande y Domingo Mazza Especial para Clarín Rural

Según María Kodama, “en Ginebra sería feliz” , sin embargo sobre aquel hombre registrado en Buenos Aires como Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo, se pronunció un periodista del diario La Tribune de Geneve sobre los dichos de por qué había decidido vivir sus últimos días en Suiza: “Deseaba que sus restos descansaran en tierra suiza, donde la honestidad era el valor más alto de la vida, y no en suelo argentino, donde el valor supremo era la astucia”.

Como si Borges refiriera a la noción de Compliance transcurrieron los días desde aquel dicho y es notable que éstos conceptos, uno más que él otro, esté en boca de la sociedad actual. La corrupción por siglos ha sido conocida y criticada, aún cuando el término sustentabilidad es menos popular, día a día en los tiempos que vivimos se instala en uso y poco a poco en las economías emergentes e incluso en emergencia buscan acentuar sus sistemas productivos y sus inversiones en proyectos sustentables y sostenibles en el largo plazo.

Los números duros que ilustran la realidad de nuestra región, según Transparencia Internacional, en una consulta realizada a 22.000 personas dentro de 20 países en América Latina y el Caribe, para el último Barómetro Global de la Corrupción en octubre del 2017, nos dice que estas personas percibieron que ésta aumentó en los 12 meses previos a la consulta.

Una de cada tres personas vivió un hecho de corrupción, por ejemplo, quienes hicieron uso de un servicio público tuvieron que pagar un soborno para tener acceso al servicio, teniendo en cuenta el tamaño estimado de la población de estos países estamos hablando de que alrededor de 90 millones de personas pagaron sobornos. Es por esto que no es sorprendente la manifestación contra la corrupción, ya que de esta misma consulta surge que siete de cada diez ciudadanos están dispuestos a participar en su contra.

Asimismo, hoy por hoy, así existiese una persona con poderes para adivinar el futuro por experto que sea en disciplinas paranormales, se vería en complicaciones para cuantificar en dólares el daño reputacional, en los casos de público conocimiento, para empresas como Odebrecht después del Lava Jato en Brasil, VW luego del escándalo por la instalación ilegal de un software para alterar los resultados de los controles técnicos de emisiones contaminantes en sus motores diésel vendidos entre el 2009 y el 2015 o Siemens después de sus desafortunados episodios de corrupción, quien aplicando un sistema de Compliance logró ser un ejemplo para el mundo.

En términos de Warren Buffett: “Construir una reputación tarda 20 años, destruirla, 5 minutos”. Siguiendo el ejemplo de Siemens, y ya en el mercado doméstico, YPF también incorporó un CCO (Chief Compliance Officer) a partir del 2018, para bregar por la ética empresarial y su cumplimiento.

Está claro que las buenas prácticas en los gobiernos corporativos y de avanzadas se llevan bajo metodologías como la del Compliance que es una pieza fundamental que brinda herramientas necesarias para integrar los requisitos, estrategias y estructuras internas a fin de dar cumplimientos a los preceptos legales, regulaciones, normas, códigos organizacionales y con los principios de buena gestión y estándares éticos para protegerse ante situaciones de riesgo que pondrían en serios problemas la estabilidad y continuidad de las actividades y/o proyectos de las organizaciones.

Aplicando la metodología del Compliance se intenta incentivar a las empresas para poder lograr mejores resultados, obteniendo mayor compromiso de los trabajadores, recursos humanos de calidad, con ética y valores morales, mayor integridad y transparencia interna, mejor reputación en el mercado y mejores elementos para combatir el fraude interno, elaborando estrategias de sustentabilidad y poder llegar a la tan anhelada competitividad y eficiencia, no solo en hacer las cosas bien porque es lo correcto sino encontrar también sus resultados tangibles en el negocio, siendo evidente que estas buenas prácticas generan mayor confianza al inversor y mayor disponibilidad de fondos, disminuyendo el costo del capital y permitiendo obtener mayor rentabilidad y prestigio.

Nada de esto es posible ni tiene sentido sin un gran compromiso de la alta dirección, tanto pública como privada, todo con el objetivo de lograr la sustentabilidad y el mejor uso de los recursos productivos en pos de las futuras generaciones en respeto a la naturaleza y su ciclo evolutivo.

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