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12/03/2021

De las Mejores Prácticas en el Comercio Exterior

Por: Dr. Eduardo Reyes Díaz-Leal

El comercio exterior mexicano está evolucionando a pesar de todo, y cuando digo a pesar de todo me refiero a los desatinados en la política comercial, a las presiones del presidente estadounidense Donald Trump, de la urgida entrada de nuestro país en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés), de la etapa política en que vivimos y del desorden de paz que tenemos al interior del país y en el mundo entero. Pese a todo, México sigue creciendo en sus importaciones y exportaciones a un ritmo del 6% de más pedimentos todos los años.

Paralelamente, la modernización aduanera sigue avanzando, empujada por la presión de los transportistas que cada vez cargan más mercancía y más rápidamente y de esa silenciosa pero poderosa revolución tecnológica que amenaza con cambiar el orden económico por la democratización (uso generalizado) de robots (máquinas multidisciplinarias y casi autónomas) y de inteligencia artificial, lo que desplaza vertiginosamente a la mano de obra permitiendo el paso al cerebro de obra. Esta evolución aduanera ha estado modificando las funciones de los actores logísticos y empresariales que están pasando, aún sin darse cuenta en algunos casos, de ser operarios de las importaciones y exportaciones a estrategas del comercio global, cuyo fundamento yace en el cumplimiento a tiempo de la normatividad local, federal y mundial que, cada vez, se basa en un proceso continuado de mejora regulatoria, en aras de hacer sustentable la velocidad creciente del comercio global.

El impacto en esta reforma que va más allá de una reforma legislativa, lo recibe positivamente el mercado, quien se está acostumbrando (perdón, nos estamos acostumbrando) a cambiar constantemente de opinión de lo que queremos, es decir, estamos adquiriendo el derecho de exigirle a los proveedores nuevos productos que solucionen problemas o situaciones que ni siquiera imaginábamos que teníamos.

La velocidad del cambio productivo es el gran responsable de que vivamos en una época de consumismo y de innovación que mata a la innovación.

En esta era, las gerencias de tráfico y los mismos agentes aduanales deben adaptarse lo más rápidamente a los cambios y entender que su función de cumplimiento normativo en un entorno de gran velocidad del comercio internacional ha recibido la delegación del Estado de asegurarlo [el cumplimiento] mediante la anticipación de hechos y ya no a la reacción ante los hechos.

Ahora, la función ya no se centra en el cómo evitar consecuencias jurídicas de los actos aduanales, sino del cómo se aprovecha la plataforma tecnológica que tiene nuestra aduana para hacer un despacho aduanero predictivo, seguro y eficiente.

Ante esta evolución, reconocida o no, ya no podemos trabajar bajo los estándares antiguos que nos permitían mantener mercancías en tránsito por más tiempo del que necesitaba la misma transportación, ya no podemos trabajar haciendo auditorías para comprobar el cumplimiento sino implementar procedimientos que aseguren el cumplimiento antes de ejercerlo, por ello ya no hablamos de auditorías sino de Trade Compliance, que no es otra cosa que el arte de asegurar el cumplimiento integral normativo (desde las obligaciones de los socios de una empresa, hasta el último detalle fiscal o financiero a los que nos regulan las leyes), pero en un ambiente de cultura y no de castigo.

Cualquier empresa que busque tener el tiempo para concentrarse en la evolución de su CORE BUSINESS, como se le conoce en inglés, es decir, que trabaje por mantenerse vigente en el mercado cumpliendo su función mercantil, debe despreocuparse de la norma jurídica a la que está obligado para lo cual necesita incorporar modelos de cumplimiento mundial que maten cualquier acto corrupto (no debe entenderse por corrupción al hecho de dar una dádiva a alguien por un favor especial, sino al acto que tuerce el derecho ya sea con clara violación o utilizando fracturas legales que suponen permitir su incumplimiento) para que puedan producir lo que se está vendiendo. En este fenómeno, las gerencias de tráfico y los agentes aduanales deben comprender su real función (cumplimiento normativo, predictibilidad de los embarques y eficiencia logística) para lo cual, quizá puedan utilizar las mejores referencias del cómo se hace en otras partes del mundo.

Las mejores prácticas no son otra cosa que referencias del bien hacer una tarea, para lo cual se basan en la tecnología, en la competencia de los recursos humanos (capital humano), en los gobiernos corporativos, la supervisión y monitoreo, entre otras. Ello nos debe llevar a una de las mejores prácticas que sugieren la mayoría de las universidades en el mundo, tanto de reconocido prestigio como las pequeñas, que es la colaboración inteligente.

Ante la evolución tan hermosa pero tan amenazante como la que tenemos, debemos partir de un supuesto magno que indica que ya no existe ninguna persona, por inteligente y poderosa que sea, que pueda superar al trabajo en equipo, obviamente el resultado de la suma es mucho mayor que el resultado de un solo factor. Y he aquí la recomendación que ahora hacemos. Cualquiera que sea la función que tú desempeñes, cualquiera que sea su misión o el escenario al que se pertenece, debemos y debes (con debido respeto) incorporar a la solución, para la perfección al equipo que hayas conformado, una cultura de participación y responsabilidad compartida.

Pero esta colaboración inteligente no sólo implica que compartas el problema para encontrar la solución entre varios, sino que sigamos la mejor práctica de esta mejor práctica, la cual se basa en la selección adecuada de los que habrán de conformar el “equipo” que solucionará cualquier situación, aunque no parezca problema. Hoy en día, las soluciones ya no son sólo a problemas como pasaba antes, sino para ver lo que “nadie ve”, nuevas formas de hacer las cosas, nuevas estrategias, nuevos caminos.

Seleccionado el equipo, la mejor práctica nos induce a que conozcamos la personalidad de cada integrante y su propia especialización, a fin de poderle dar la ponderación adecuada a una determinada “votación” o grupo de sugerencias, hablamos de una nueva dimensión de la participación en grupo, lo que implica una nueva era para los líderes que tienen en sus manos la necesidad de orquestar el trabajo en equipo, ya sea para ejercer una reingeniería de procesos (optimización de los recursos), para la implementación de tecnologías de la información, para establecer mecanismos de una comunicación efectiva, para implementar mecanismos de control no intrusivos que aseguren el cumplimiento normativo en la corporación, entre otras soluciones que ahora el mundo nos exige para poder mantenernos vivos en los negocios.

Quizá, el tema central en el mundo aduanero, tanto de los gerentes de las empresas, tanto de los agentes aduanales (aunque creo que ya debería llamarles, las agencias aduanales, por la reforma legal recientemente aprobada por el congreso mexicano) es el de conformar cadenas de valor, que no es otra cosa que alinear los intereses y esfuerzos de todos los actores de una cadena de suministro, hacia la aportación de mayor valor, ya sea de contenido regional, o de funciones para hacer más efectivo y eficiente a las importaciones y exportaciones, trabajando en equipo con un objetivo común, lo que implica que ya no hablamos de proveedores y clientes, sino de asociados a una estrategia del comercio mundial.

 


 
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