

El actual contexto gira en torno a una categoría bastante clara llamada incertidumbre, la cual ha sido el resultado de los presentes acontecimientos y la permanencia de la pandemia ocasionada por el Covid-19, enfermedad infecciosa producida por una clase de coronavirus que vio la luzen el año 2019. Esto ha generado un sobresalto considerado casi antinatural frente a los parámetros establecidos por el sistema, donde la obstaculización de las actividades a nivel global ha tambaleado abruptamente las dinámicas nacionales e internacionales en muchos escenarios y no solo económicos, ya que socialmente ha implicado la mortalidad de un número significativo de personas, ambientalmente ha considerado elementos como las formas de propagación e índices de contagios, y junto a ello políticamente ha establecido el hablar de un gran impacto mediático.
Entre los efectos generales que toda esta situación ha generado, los ya conocidos son los índices promedios oficiales de mortalidad que, de acuerdo con la OMS, giran entre 2% y 4% (porcentaje superado en regiones como Italia, España e Irán que se encuentran por encima del 6%). Estos promedios son relativos, dado que se deben tomar en consideración variables como rangos de edad, condiciones preexistentes y otras categorías. A pesar de no contar con datos oficiales respecto a este punto, se ha llegado a un conceso en el ámbito científico que establece un 80% de contagio, donde el medio de propagación es el aire y unidades solidas: el virus tiene un tiempo de vida en superficies inorgánicas de mínimo 3 horas, tiempo que es variable según con la superficie donde permanezca, entre otras cosas igual de importantes por considerar.
Dada esta situación hasta la fecha, estados, empresas e individuos han implementado estrategias con el ánimo de reducir la probabilidad de contagio y recuperar paulatinamente el descalabro económico sin precedentes en la historia que dicha situación ha generado. Si bien al iniciar el año la perspectiva económica marcaba un crecimiento esperado hasta del 2.5%, siempre y cuando riesgos visualizados no se materializaran, tales como tensiones comerciales, polarización política, inseguridad y otros (Naciones Unidas, 2020). Ahora, el reto se dibuja en dos caminos: uno de ellos en reafirmar las medidas de seguridad avaladas por la OMS para no perder el terreno ganado frente a la pandemia y el otro en generar estrategias que permitan sacar a flote a las compañías fuertemente afectadas y reivindicar la producción de bienes y servicios, cuestiones que tienen en jaque las dinámicas habituales, y que ha despertado nuevas interrogantes, siendo el más importante la que a continuación se relaciona: ¿Entonces, qué hacer organizacionalmente en este escenario tan complejo?, cuestión que pone en contexto hablar de la Responsabilidad Social Empresarial.
¿Qué es RSE?
La Responsabilidad Social Empresarial reivindica la solidaridad que ahora es imperativa, tanto en empresas exportadoras como no exportadoras, aunque el eje en este caso es proponer la adaptación de modelos de estas últimas. Pero ¿qué significa esta categoría? Para poder definirla, es importante mencionar que muchas empresas implementan una serie de actividades con el fin último de incrementar el valor y fuerza de la marca comercial, lo que incrementa su competitividad y deja de lado el valor esencial y verdadero que el concepto enmarca realmente: ser base de desarrollo económico.
El concepto de Responsabilidad con la sociedad se remonta a periodos desde la Antigua Grecia y Roma, denominadas filantropía y caridad. Estas hacen alusión del actuar de las personas en la comunidad para lograr un bienestar social. Algunos filósofos como Aristóteles, Platón, Freud, Sartre (Colombo, 2008; Mbare, 2007) y teóricos de las ciencias económicas y empresariales como Paccioli (1494), Smith (1776), Nash (1951), entre otros, discutían en sus respectivas épocas temas asociados a la teoría del bienestar y a la inserción de las instituciones del hombre dentro de cada sociedad. Sin duda, los puntos de vista eran distintos. Las preocupaciones por el papel del hombre en el desarrollo de la sociedad, las posibles mejoras para sostener el crecimiento económico, las condiciones sociales requeridas para la vida humana, la avaricia humana y sus efectos, entre otros, son ejemplos de cuestionamientos de cada época para fomentar el desarrollo económico y social de cada comunidad (Mbare, 2007). Además de estos autores, otros, pertenecientes a diferentes corrientes como el estoicismo, defendieron fervientemente los deberes cívicos, la igualdad y la responsabilidad social.
Esta acepción surge a principio de los años 60 en Estados Unidos y se define como los comportamientos y actividades de negocio que están basados en valores éticos y principios de transparencia que también incluyen una estrategia de mejoramiento continuo en la relación entre la empresa y todas sus partes. Por otra parte, es posible señalar que desde los años 90 el concepto de RSE es establecido gracias al Libro Verde de la Unión Europea, donde se cita que el ser socialmente responsable significa no solo cumplir con las obligaciones legales aplicables, si no que esta responsabilidad va más allá, donde se incluye el invertir en capital humano, el medio ambiente y las relaciones con las partes interesadas u otros grupos de interés.
Aunado a esto, el World Business Council for Sustainable Development - WBCSD (2000) afirma que la RSE es “el compromiso continuo de las empresas para comportarse éticamente y contribuir al desarrollo económico, mejorar la calidad de vida de los empleados y sus familias, de la comunidad local y de la sociedad en general”. Para la Comisión Europea (2001), la RSE es un concepto en el cual las áreas productivas integran, de una manera voluntaria, consideraciones sociales y ambientales en sus operaciones y en las relaciones con sus grupos de interés. Dicha relación incluye clientes, proveedores, socios, consumidores, medio ambiente, comunidades, gobierno y sociedad a nivel general.
Así mismo, teniendo en cuenta las opiniones de McWilliams, Siegel y Wright (2006), se define la RSE como situaciones donde la empresa se compromete y cumple acciones que favorecen el bien social, más allá de los intereses de la propia organización y por sobre lo que se espera como cumplimiento de la ley. Sin duda alguna, el que exista una visión más completa de lo que debe significar la RSE hace que cada sociedad pueda evaluar de mejor forma el real aporte que desarrolla cada empresa sobre su entorno. Al tener una visión más integral y menos parcializada de la RSE, los elementos a evaluar son más transparentes. Ahora bien, la empresa como unidad económica depende de la sociedad constantemente, ya que esta le proporciona fuerza de trabajo y consumidores, además de que la relación existente es una interdependencia inevitable. Por tal motivo, la empresa no posee solo finalidades económicas sino sociales, cuestiones que quedan más que evidentes ahora que el sistema de consumo está cambiando, las predicciones a largo plazo son desconocidas, y el panorama del comercio exterior deben reinventarse.
Retos
El año 2020 ha sido un periodo que invita a reequilibrar las prioridades. Se considera que es tan importante el aspecto social dentro de la empresa que inclusive se encuentra por encima de su función mercantil: por encima de ser una unidad económica, esta es una institución de carácter social que ayuda a construir el aspecto comunitario. Todo esto, en síntesis, está dirigido a afirmar que la RSE es un factor clave que determina el comportamiento empresarial durante esta crisis, una estrategia de negocios enfocada al incremento de rentabilidad, competitividad y sostenibilidad, la cual sirve como parte de un nuevo modelo de desarrollo sostenible que refuerce la cohesión social y logre la permanencia en los mercados mundiales, una acción ante las implicaciones negativas que ha dejado la pandemia y, porqué no, el mismo actuar económico. Aunado a esto, la RSE puede aumentar la competitividad y así impactar directamente sobre la productividad y los ingresos, considerando colaboradores, medio ambiente, comunidad, y demás grupos de interés, pilares fundamentales de la noción. Si bien es cierto, en algunas regiones se ha avanzado en legislar sobre este punto, hay aún países en donde no existe reglamentación oficial apropiada, por lo que se deben desarrollar esfuerzos por centrarse en establecer un marco normativo adecuado, donde no solo las grandes empresas o multinacionales desarrollen prácticas socialmente responsables, además de lograr incluir a las pequeñas y medianas empresas de la misma manera.
Fuentes

QUIÉNES SOMOS
La Asociación
Junta Directiva
Sedes
Noticias
Artículos de Interés
Canal Ético
ACERCA DEL COMPLIANCE
Qué es
Compliance Officer
Marco Normativo Internacional
Cual es tu nivel de Compliance
FORMACIÓN
Eventos
Cursos Acreditados
Agenda Formativa
Cómo acreditar un curso
CERTIFICACIÓN
Certificación Profesional WCA
Certificación Sistemas de Compliance
SOCIOS
Ventajas de Asociarse
Entidades Asociadas
Profesionales Asociados
Solicitud de Adhesión
LEGAL
Aviso Legal
Política de Privacidad
Política de Cookies
Propiedad Intelectual
Condiciones de Contratación