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29/09/2021

Ser o no ser: El gran reto de las mujeres para compaginar la vida familiar y la profesional

Por Elia Aparicio

En las últimas semanas muchos de nosotros nos hemos sentido atónitos y hasta desconsolados al ver a lo que se enfrentan las mujeres afganas con la llegada al poder del Talibán. Y podemos escuchar y leer fuertes corrientes feministas manifestándose en apoyo a nuestras congéneres y reclamando la ayuda internacional para ellas.

Y al mismo tiempo, como si de un universo paralelo se tratara, se escuchan voces, quizás no tan altas, pero si igual de contundentes, diciendo que debemos sentirnos afortunadas porque podemos ser todo lo que queramos y que si no lo somos es porque nos falta determinación, ambición, ganas, empuje, etc. 

Así que, dicho en otras palabras, las mujeres de este lado del mundo no somos lo que queremos ser porque nos falta decisión.  Y con esto la mesa queda servida y el reto lanzado y nosotras, que nos sabemos capaces de todo lo que nos proponemos, abrazamos más, mucho más de lo que podemos apretar, pues no se trata solamente de ir tras nuestros sueños y lograr nuestros objetivos profesionales, tenemos una vida familiar, muchas veces con hijos, padres y familiares de edad avanzada y un sinnúmero de responsabilidades que socialmente nos pertenecen y de las cuales somos las encargadas oficiales. 

Y es así como llegamos a donde estamos hoy, mujeres extenuadas tratando de demostrar que pueden con todo y que encima sonríen como Bárbara de Regil en su famoso video de tik tok “sonríe, que nada te apague”.

Claro está, también vemos a este minúsculo grupo de aguerridas, audaces y retadoras mujeres que dicen no más, no puedo con todo y esto es lo que hay; sin importar los estándares sociales, escogen con pinzas las responsabilidades que asume y aquellas que no se dejarán endilgar y otras tantas las dejan pasar, como bien decía mi abuela, sin pena ni gloria. 

En la gran masa estamos las que queremos mantenernos tibias, las que queremos lograr nuestros objetivos y que cuando lleguemos a la casa al anochecer nos reciban con alegría, pues porque somos la luz del hogar.  Sentir la satisfacción de que cumplimos con nuestros mayores, que nuestros hijos están bien educados, que nuestras tías no nos lancen el típico comentario pasivo-agresivo “te van a dejar por no saber cocinar” y lograr que nuestras plantas no se mueren por falta de agua que al parecer nadie más les puede procurar. 

Y es aquí donde entra el dilema: ¿tenemos la energía y el tiempo para todo esto? y más importante aún ¿es algo que realmente queremos o es algo para lo que nos han adoctrinado y nos han hecho creer que queremos?

He leído algunas estadísticas y participado de encuestas e inclusive, dudado de los resultados, no porque estén mal hechas o porque los encuestadores tengan intensión alguna de mentir, sino porque durante muchos años, las revistas de moda, vanidades y chismes nos prepararon para dar respuestas que se ajusten al resultado final que queremos ver.

Soy partidaria de la idea de que, con condiciones mínimas a favor, las mujeres pueden hacer todo lo que se propongan, de esto no tengo duda. Lo que me genera duda es aquello que nos proponemos, ¿nos estamos proponiendo las mujeres lo que realmente queremos?  Si en esta búsqueda del tan anhelado balance, sacrificamos estabilidad emocional y parte de nuestros sueños al no poder enfocarnos en un solo objetivo y distribuir nuestras horas y energías en llenar cuotas de cumplimiento con diferentes tareas, personas e ideas dispersas. 

Si en el esfuerzo continuo por ser, dejamos de lado la gran oportunidad que representa el simplemente no ser. 

A veces no se trata solo de lograr ser, se trata de saber y aceptar cuando no queremos ni siquiera evaluar ser algo más de lo que ya estamos siendo.

Por Elia Aparicio

La autora es Abogada y Miembro del Comité de Igualdad

 


 
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