


Aproximadamente hace tres años irrumpió en la sociedad el uso accesible y generalizado de la inteligencia artificial, o más específicamente, de “transformadores generativos preentrenados”, herramientas que permiten crear texto, imágenes y videos de manera similar a como lo haría una persona, y responder a preguntas en forma conversacional.
Estas tecnologías de inteligencia artificial a las que nos referimos permiten realizar una variedad de tareas que usualmente requerirían de inteligencia humana, tales como la percepción visual, resolución de problemas, aprendizaje y traducción o significación de textos. Por tanto, resulta natural que su uso se haya extendido a las tareas regulares y cotidianas en la industria y el comercio.
El uso de estas tecnologías se traduce en ganancias colosales en eficiencia y recursos, pero también en la aparición de nuevos riesgos. Si se considera que actualmente vivimos en un entorno económico donde las empresas tienen que lidiar en forma cotidiana con normativas en constante cambio, un escrutinio exhaustivo de sus operaciones, y otras complejidades regulatorias, es claro que la adopción de la inteligencia artificial en el entorno profesional no sólo es natural, sino hasta esperado, para seguir manteniendo un nivel competitivo en relación con otros competidores y agentes económicos.
No cabe duda de que las tecnologías de inteligencia artificial estarán redefiniendo los modelos de operación y, por ende, también la forma de trabajo de los profesionales del compliance, quienes estarán enfrentándose a nuevos desafíos de privacidad en el manejo de grandes datos, en la mitigación de riesgos, en la calibración de sesgos algorítmicos, y en asegurar un uso ético y transparente de estas herramientas de IA al interior de sus organizaciones.
Bajo ese contexto, el uso de la IA puede resultar una herramienta estratégica para el compliance y las buenas prácticas empresariales en dos aristas. Por un lado, los operadores jurídicos tendrán que comprender cómo funcionan estas herramientas a fin de identificar, monitorear y abordar los temas de compliance a través de análisis predictivo, estimación de potenciales riesgos basados en datos históricos, análisis documental, interpretación de grandes volúmenes de regulación y requerimientos gubernamentales. Y por otro lado, se deberán generar lineamientos internos, identificar nuevos riegos derivados del uso de estas herramientas y monitorear su adecuado uso e implementación dentro de la empresa, a fin de asegurar que el uso de estas herramientas efectivamente se alinee a los estándares legales, directrices éticas, regulaciones de privacidad y requerimientos específicos por industria que, en su conjunte, cumplan su función de mitigar riesgos regulatorios e, inclusive, morales.
¿Cómo pueden hacer frente las organizaciones ante estos desafíos? Para empezar, las empresas podrían comenzar por construir un marco de gobernanza comprensivo que se alinee con las legislaciones locales, globales, estándares internacionales y regulaciones sectoriales que les sean aplicables. Dicho marco deberá abordar áreas claves como políticas para el uso de la inteligencia artificial, consideraciones éticas y supervisión de cumplimiento normativo.
Un marco normativo o de gobernanza como el descrito, acompañado de mecanismos de corrección y refinamiento, y comités de vigilancia, podría ayudar significativamente a los profesionales de compliance a implementar controles para el uso ético y legal de la inteligencia artificial en la operación de la compañía.
Naturalmente, para un mejor y más responsable aprovechamiento de estas tecnologías, las acciones de capacitación y educación continua son un factor obligado. Las empresas deberán asumir un rol activo en el entrenamiento de sus equipos legales en temas como el uso ético de la inteligencia artificial, las nuevas regulaciones y las mejores prácticas para identificar y abatir los riesgos inherentes al uso de soluciones algorítmicas.
La evolución de la IA requiere de abogados avezados en el tema y que proactivamente se involucren con esta tecnología, tanto desde el punto de vista normativa, como en el de su funcionamiento técnico. De esta manera, se lograrán mitigar los riesgos y maximizar las oportunidades que derivan de estas herramientas.

12 de Octubre
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