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La hora del (buen) lobby, un congreso imprescindible

Artículo publicado en Iberian lawyer

Los próximos 22 y 23 de Septiembre. la World Compliance Association (WCA) celebra el I Congreso Internacional sobre el Lobby (Lobby & Compliance). 

Puede que alguien se pregunte qué tiene que ver el compliance, la cultura de cumplimiento de las leyes, con algo como el lobby que sugiere, precisamente, todo lo contrario: ilegalidad, oscuridad y búsqueda de atajos y privilegios. Y, efectivamente, es cierto, pocas palabras suenan tan cargadas de connotaciones negativas como la palabra “lobby”. Cualquiera de nosotros la  asocia instantáneamente a maniobras invisibles de grupos de presión en torno al poder, para conseguir un trato de favor en las decisiones públicas. La  sospecha del abuso, --cuando no del cohecho o del tráfico de influencias--, planea siempre sobre el lobby y los que lo practican. Es un hecho que muchas grandes decisiones políticas de las últimas décadas, incluso del tamaño de rescates económicos a bancos, o a países, durante la crisis de la zona euro, se han visto envueltas en escándalos, o han dejado tras de sí una estela de desconfianza sobre el peso que tuvieron los grupos de presión en las decisiones que finalmente se adoptaron. La propia etimología de la palabra lobby, que evoca a aquél que espera o actúa en la antesala –la antesala del poder, claro— contribuye al estigma del fenómeno, como sucio e indeseable.  

Sin embargo, esto no tiene por qué ser así. El lobby, no solo es una actividad perfectamente legítima, en sí misma, sino que constituye una forma imprescindible de participación de los ciudadanos en la gestión de los asuntos públicos. Democracia no es sólo votar cada cuatro años, es también conocer, proponer e intervenir en el día a día de las decisiones que toman los poderes públicos. Está en el art. 23 de nuestra Constitución. Que un grupo empresarial o profesional muestre, por ejemplo, las ventajas o inconvenientes que ha de  tener, para su sector o para el empleo, una futura norma o unas políticas determinadas, supone un material de valor incalculable para un gobernante honesto.  

Pero, naturalmente, para que el lobby funcione así, ha de estar sujeto a una disciplina de transparencia absoluta, asegurar la igualdad de oportunidades a todos los operadores y deshacerse por completo de cualquier sospecha de favoritismo. A día de hoy, la regulación es escasa o nula, y la línea que separa lo legal de lo ilegal, en el terreno del lobby, es una línea delgada y muy difícil de percibir, con toda razón, por los ciudadanos. Un estudio realizado en 2015 por Transparencia Internacional sobre 19 países europeos, entre ellos España, reveló que seis de cada diez ciudadanos consideraban que sus gobiernos actuaban totalmente, o en gran medida, bajo la influencia de intereses particulares. Un dato que da la medida del calado enorme del problema. El estudio analizaba también la calidad de la regulación y controles de los lobbies en los 19 países, de los cuales sólo aprobaba Eslovenia. Y aún ésta, lo hacía, --utilizando la terminología de mis tiempos de estudiante--, con un aprobado “raspado”.  

Por eso, el lobby precisa de urgente regulación, de códigos éticos y, en definitiva, de controles de cumplimiento normativo. Es un terreno virgen y fascinante para las nuevas formas de actuar en los negocios y de comportarse frente a la Administración Pública, que trae bajo el brazo la cultura del  compliance. Nosotros queremos estar en el nacimiento de este tiempo nuevo.  

La UE marcó tímidamente el camino del cambio en 1993, pero los avances de los Estados durante más de 25 años han sido perezosos y escasos. Sólo muy recientemente, los legisladores europeos, también los españoles, parecen haberse sacudido su sopor, y tomado conciencia de la urgencia de este cambio inaplazable. Las fórmulas son sencillas, sólo hay que convertir en normas jurídicas las propuestas lanzadas hace años por la OCDE y por Transparencia Internacional (por ejemplo, la creación de un registro de lobbies, de inscripción obligatoria,  un código de conducta para lobistas, con un régimen sancionador administrado por un órgano independiente, la regulación clara de la eterna cuestión de las “puertas giratorias”, la igualdad de acceso de los lobistas etc) y transformar de una vez por todas a ese poder invisible y fantasmal, que actúa desde la sombra, en un formidable canal de aportación de conocimiento para los legisladores. 

Son pautas claras, sólo falta la voluntad política de implementarlas, y naturalmente,… rezar para que los, aún poderosos, lobbies no lo impidan. Soplan vientos de cambio, de reglas limpias y nuevas. También estos lobbies de siempre tendrán un espacio importante en el futuro, pero transparente y compartido. Hace unas semanas, mi amigo y socio de Círculo Legal, Felipe García, recordaba en Cinco Días/El País una frase de John F. Kennedy, cuando afirmaba que un lobista le explicaba en diez minutos los problemas que planteaba una situación, mientras que uno de sus expertos asesores tardaba tres días en hacerlo. El lobby, el buen lobby, es absolutamente imprescindible en una sociedad sana.

No se pierdan nuestro congreso. 

Más información en http://lobby.eventocompliance.com/

 

Fdo. Diego Cabezuela Sancho.- Presidente Internacional de la World Compliance Association.

Publicado en Iberian Lawyer: https://www.iberianlawyer.com/images/stories/magazine/IL107_20210906_SP.pdf

 


 
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