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Por Iván Martínez, CEO de Intedya
La Guía 1/2026 y el documento de FAQ de la Autoridad Independiente de Protección del Informante (AIPI) introducen un cambio sustancial en la interpretación del sistema interno de información. Ya no se trata de cumplir con una obligación formal, sino de implantar un modelo real de integridad organizativa. El sistema deja de entenderse como un simple canal de denuncias y pasa a configurarse como una infraestructura completa que integra procedimientos, garantías y una figura clave: el responsable del Sistema Interno de Información (RSII). En este contexto, la AIPI sitúa al RSII en el centro del modelo, no como un rol accesorio, sino como un elemento estructural del sistema.
Independencia del RSII: la recomendación crítica
Uno de los ejes principales de la guía es la exigencia de una independencia funcional real. La AIPI no se limita a una declaración formal, sino que introduce criterios que, en la práctica, obligan a rediseñar la posición del RSII dentro de la organización. El responsable debe actuar con autonomía, sin recibir instrucciones sobre la gestión de denuncias y con dependencia directa del órgano de gobierno. Esto implica evitar estructuras donde el RSII quede integrado en cadenas jerárquicas operativas o condicionado por intereses funcionales. La compatibilidad con funciones de compliance es posible, pero solo si no se compromete esta independencia. En términos técnicos, se refuerza el modelo de segunda línea de defensa, pero con un nivel de exigencia superior al habitual en muchos sistemas actuales.
Cómo debe estructurarse el rol: criterios de la AIPI
La AIPI aporta recomendaciones relevantes sobre el diseño organizativo del RSII. Aunque permite tanto modelos unipersonales como colegiados, introduce condiciones que limitan soluciones meramente formales. Cuando se opta por un órgano colegiado, se exige una composición contenida y operativa, así como la designación de un miembro responsable de la gestión efectiva del sistema. Además, se refuerzan las exigencias de confidencialidad, control de accesos y gestión de conflictos de interés. Por otro lado, se recomienda evitar perfiles que puedan comprometer la neutralidad del sistema, especialmente en el sector público, donde se desaconseja la designación de cargos políticos o electos. La lógica subyacente es clara: la credibilidad del sistema depende directamente de la percepción de independencia.
El sistema como conjunto: más allá del responsable
Otro de los aspectos clave es que la AIPI amplía el foco más allá del RSII. El sistema interno de información debe entenderse como un conjunto integrado, donde el responsable es solo uno de los elementos. El sistema debe incluir un canal accesible y multiformato, una política de protección del informante, un procedimiento de gestión de las comunicaciones y garantías efectivas de confidencialidad y ausencia de represalias. Esta visión obliga a las organizaciones a revisar no solo quién es el responsable, sino si el sistema en su conjunto cumple con un estándar funcional y no meramente documental.
Grupos de empresas: una recomendación con impacto operativo
El tratamiento de los grupos empresariales es especialmente relevante desde el punto de vista práctico. La AIPI permite la existencia de un único RSII para todo el grupo, lo que facilita la gestión centralizada. Sin embargo, exige que la notificación se realice individualmente por cada entidad obligada. Este criterio introduce una separación clara entre la eficiencia organizativa y la responsabilidad jurídica individual, obligando a mantener trazabilidad específica por sociedad.
Recomendaciones operativas sobre la notificación
La AIPI también introduce criterios que simplifican, pero a la vez profesionalizan, el proceso de notificación. Se establece que solo debe comunicarse el responsable vigente en el momento inicial, evitando la carga de reconstruir históricos. A partir de ahí, cualquier cambio debe seguir una secuencia ordenada de cese y nuevo nombramiento, debidamente justificados. Además, se refuerza la necesidad de respaldo documental, lo que convierte la notificación en un elemento más del sistema de control interno y no en un simple trámite administrativo.
La combinación de la Guía 1/2026 y el FAQ configura un marco interpretativo que, en la práctica, actúa como estándar técnico de supervisión. No se trata solo de cumplir con la Ley 2/2023, sino de demostrar que el sistema funciona de forma efectiva, independiente y trazable. El mensaje implícito es claro: las organizaciones deberán evolucionar desde modelos formales hacia sistemas robustos de integridad. El RSII deja de ser una designación nominal y se convierte en un elemento crítico de gobernanza, con implicaciones directas en materia de cumplimiento, responsabilidad y reputación.

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